Capítulo II
El Rugido
El destino respondió desesperado. Un rugido quebró el engaño.
La balanza crujió como si nunca hubiera sido justa. Y la ilusión, terca como siempre, volvió a respirar. Hay fuerzas que no se pueden medir — y el azar es la más poderosa de todas.
La ilusión volvió a respirar